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En vivo y en directo

Por Karla Arias, Milena Permanyer y Anna Comerma

El diario Público ha aprovechado la ocasión para lanzar Públic su nuevo cuadernillo en catalán.

La diada de Sant Jordi no sólo significa paradas de libros y rosas, gente a destajo por las calles y vendedores en cada esquina. También es el día en que los medios de comunicación con sede en Barcelona hacen uno de los mayores despliegues del año en la calle.

Las televisiones sitúan sus unidades móviles y escenarios en Plaça Catalunya, las radios mandan a sus reporteros con los equipos inalámbricos por todo el centro y los diarios editan suplementos culturales especiales.

Hemos compartido esta jornada con un medio de cada sector, para ser testigos en primera persona de cómo trabajan en directo el día de Sant Jordi y cómo en las redacciones de los diarios se terminan a contrarreloj los suplementos literarios.

PÚBLICO: LA VÍSPERA

50 paraules que expliquen un país. Este es el lema para la primera toma del nuevo suplemento que saca el diario Público para su edición en Catalunya y que coincide a propósito con el día de Sant Jordi, una de las festividades más representativas del país junto con el 11 de septiembre. Los periodistas Juan José Caballero y David Dusster encabezan este proyecto catalán que se ha estrenado hoy en motivo del Día del Libro, y que también tiene su homólogo castellano en Madrid.

Este recién inaugurado libreto de 12 páginas será el primero que el rotativo edite en lengua catalana y tratará, por correlación, temas que afecten directamente al territorio catalán. La edición especial de hoy se ha basado en una síntesis presente, pasada y futura del proyecto catalán a través de ítems que pretenden definir al país. Pero de ahora en adelante tocará variedad de temas: desde política a urbanismo pasando por educación, sanidad, economía o cultura.

El lanzamiento de este nuevo producto editorial ha implicado una reestructuración de la plantilla. En total suman 16 redactores que prepararán íntegramente, a diario, las páginas dedicadas a Catalunya, ya sean las del nuevo suplemento catalán o las que ya figuran en el periódico como sección propia del territorio.

Para aprovechar al máximo la idoneidad del día de Sant Jordi, el grupo editorial programó un acto paralelo a la salida del suplemento. Desde una carpa ubicada en Plaça Catalunya se vendía el diario a dos euros con el añadido de un libro a escoger, entre los cuales figuraban Utopía de Tomás Moro, El manifiesto comunista de Marx y Engels y La mujer rota de Simone de Beauvoir; aunque si se compraba en un quiosco se obtenía por defecto Homenatge a Catalunya de George Orwell. Además, en la carpa se encontraban varios escritores reconocidos como Ángeles Caso y Nacho Escolar, con los cuales los internautas podían conversar desde sus casas.

ELS MATINS DE TV3

En un momento del programa con Helena Garcia Melero y unos colaboradores del programa.

El programa matinal de Josep Cuní y Helena García Melero, que gana mucho en persona, se ha hecho hoy en directo desde Plaça Catalunya. Allí, los técnicos llevaban desde el martes montando el escenario. Pero este hecho no es normal, según ha comentado el responsable de escenografía Quim Prats. Él mismo explica que en años anteriores en dos días ya podía estar todo listo, pero que debido a unos contratiempos con los teleprompters que tuvieron el año pasado han decidido curarse en salud y trabajar con más tiempo.

El símbolo de TV3 ha sido bien visible durante toda la jornada de hoy, en parte debido al despliegue que han hecho. No solo han instalado un gran escenario. Éste estaba acompañado de una fila de camiones en los que han emplazado la redacción, la sala de realización, maquillaje y vestuario, catering… toda una expedición.

El programa comenzaba hoy puntual a las 8:00h como cada mañana, pero con la diferencia de que en vez de que Josep Cuní realizara la entrevista en el plató, se ha desplazado hasta la Generalitat, donde ha entrevistado al President José Montilla. Lo que se ha mantenido fiel a la estructura ha sido la pregunta del día, aunque ésta vez con cierto carácter literario “El llibre digital substituirà el de paper?”.

Mientras él volvía al plató móvil, su compañera y co presentadora Helena García Melero ha realizado una tertulia con los escritores Hèctor López Bofill, Mar Jiménez, Rafael Vallbona y Empar Moliner. Cada uno de ellos se ha marchado después con una rosa como obsequio, previa conversa informal entre bastidores con García Melero durante la publicidad.

Cuní ha llegado a las 9:30h y ha tomado las riendas del programa. Una maquilladora le ha repasado mientras entre bambalinas productores, realizadores y colaboradores iban y venían aprovechando el descanso publicitario. Unos momentos antes de que empezara la segunda tertulia, unos escolares que se han aproximado al escenario trataban de llamar la atención del presentador gritando su nombre.

Los realizadores, entre plano y plano, iban intercalando imágenes de La Rambla, cada vez más llena, y del público que se iba aglomerando delante del escenario de TV3. Este último se ha convertido en protagonista cuando Cuní ha bajado hasta ellos y ha repartido rosas ente las señoras que allí se encontraban.

Pero no es el único obsequio que se han podido llevar hoy los espectadores. Con motivo de Sant Jordi el programa ha realizado un concurso telefónico en el que los participantes contaban qué sentimientos les producía el día de Sant Jordi. Todos entraban en el sorteo de un viaje a Ibiza durante una semana o un viaje en avioneta de una hora sobrevolando toda Catalunya.

Entre las anécdotas del día, el momento en el que ha llegado el actor catalán Joel Joan, decidido y vistiendo sus gafas de sol y, al ver a la co presentadora, le ha susurrado que se había dejado su libro. La gracia está en que precisamente venía hoy al programa a recitar un fragmento de su obra, Bon cop de falç.

Otro episodio remarcable del programa de hoy ha sucedido ya en el tramo final. A partir del poema de Joan Maragall La Diada de Sant Jordi recitado por la cantante popular y actriz Núria Feliu, el programa se ha convertido en una fiesta – literal y en directo – encima del escenario. Entre gigantes y sardanistas, se han dado las novedades literarias de este Sant Jordi y los presentadores han charlado con otra nueva tanda de escritores. El ánimo del público ha aumentado conforme subían también los decibelios de la música y se aceleraban los pasos de baile. Un grupo de ancianas del primer escuadrón de batalla, detrás de las vallas de seguridad, han empezado a corear al presentador catalán con un estribillo improvisado “Cuní, vine cap aquí” a lo que el homenajeado ha respondido moderadamente con un simple levantamiento de mano a forma de saludo. Aunque después, con las mismas abuelas y otras añadidas, ha compensado los recortes del directo con más flores y salutaciones dedicadas.

Hacer el programa “fuera de casa”, fuera de terreno conocido y controlado, siempre es un dolor de cabeza de más, o dos, con los que ya cuentan los organizadores. Aún así, por Sant Jordi, vale la pena. Vale la pena entregarse a la calle, entregarse a la gente, las rosas y los libros y conformar así, a suma de muchos esfuerzos, un espíritu global para una festividad singular y tan propia del país al que se deben cada día sin falta.

CADENA SER: LA HORA L DESDE LA CALLE

Frederic Vincent y su "Hora L" han vivido el Sant Jordi a pie de calle

Diez minutos después de que “Els Matins…” se despidiera, la Cadena Ser salía a la calle de la mano del periodista Frederic Vincent y su programa “L’Hora L”. Paseo de Gracia era el lugar elegido por Frederic y su técnico Franki. Por delante, una hora y veinte minutos y tres kilos de peso sobre el hombro, el peso del equipo inalámbrico. “Mira que les he dicho que me dieran un equipo ligero”, bromeaba Frederic.

El programa especial de Sant Jordi lo dejaron medio ligado hace unos quince días: algunos colaboradores se quedaban en el plató haciendo tertulias y Frederic (el conductor, normalmente) se lanzaba a Paseo de Gracia a la caza de escritores y viandantes. Entre los que han entrevistado en directo: Enrique Vila-Matas (bastante seco, dice el periodista), Emili Teixidor o Albert Llimós, finalista del premio Sant Jordi y compañero de radio de Frederic y Franki.

A continuación, la colaboradora Aïna Sardà les ha propuesto desplazarse hasta el Sensual Love, tienda erótica, para hacer desde allí su sección, hoy centrada en los libros de contenido sexual o erótico. Al no haber encontrado la tienda y con el tiempo justo antes de volver a entrar en directo, se han parado en Paseo de Gracia esquina Diputació, delante de la Bolsa de Barcelona, donde han empezado la tertulia sobre este tipo de libros.

Les acompañaba el Dr. Josep Tomás, que ha entablado un diálogo con Aïna sobre los libros “Cita a dos”, “Porno para mujeres” o “Por qué los hombre quieren sexo cuando las mujeres buscan amor”. Se creó así una tertulia natural sobre sexo que ha dejado boquiabiertos a los que han ido pasando junto a los periodistas.

A las 13.30h justas, Frederic Vincent se despedía: “Hasta aquí el programa especial de Sant Jordi”.

Un Sant Jordi no es igual a otro

Por Karla Arias Alvarado

Cada fiesta de Sant Jordi es diferente. Siempre habrá rosas y libros esparcidos por las calles de Barcelona. Pero también hay cosas que destacan de lo que se espera de la fiesta catalana o personas que sobresalen en las oleadas de gente que inunda la ciudad.

Los libros

Este año los best-sellers han brillado por su ausencia y con ellos también han faltado las colas – de horas – para conseguir una firma. Sin embargo el lector popular no se queja. Los quioscos de las grandes librerías acogieron a una cantidad importante de escritores de gran importancia mediática. Pilar Rahola, John Carlin o Miguel Angel Rodríguez El Sevilla entre muchos otros. Hasta los actores David Olivares y Agnès Busquets  estuvieron firmando el libro del conocido programa de televisión Crackòvia.

María Jesús Blanco, en compañía de su esposo y su hija, hizo tres horas de ruta temprano esta mañana para disfrutar del día de Sant Jordi en pleno corazón de Barcelona. Llevaba años queriendo venir desde su casa en Aragón pero por diversas razones no lo había logrado. Y después de tanto viaje, la familia ha aprovechado y vuelve a casa con cuatro libros y cada uno de ellos autografiado por su respectivo autor.

“A mi hijo le hemos comprado ¿Dónde está el límite? de Josef Ajram, como es bastante deportivo seguro que le gustará. Ahora iremos a conseguir que lo firme, lo bueno es que las colas no son muy largas” explicó María Jesús.

Las rosas

No hay calle de Barcelona que hoy se haya salvado de los tradicionales vendedores de rosas. Sin embargo, para salir de lo común y con la esperanza de generar más ventas, algunos de los vendedores optaron por captar la atención de los transeúntes de la ciudad. Desde el vendedor disfrazado de Sant Jordi o de dragón hasta el vendedor en zancos, para los jóvenes empresarios de un día todo vale.

Algunos otros, igualmente creativos, buscaban ante todo sacarle una sonrisa a todos los pasantes, solamente para después venderles una de sus rosas. David es uno de ellos y su estrategia no podía ser más simple. Con uno de sus amigos y un par de sillas, sentados en medio de las aceras del agitado Passeig de Gràcia y un rótulo de papel pegado al pecho con el texto “Rosas à” señalando una mesa con rosas de todos los colores.

“Estamos convencidos que si hacemos sonreír a la gente primero se nos hará más fácil venderles una rosa” dijo David.

Los pasteles

¿Libro o pastel?

En Sant Jordi tampoco puede faltar el tradicional pastel, pero una vez más no se puede dejar de innovar. “Es que no sé si son pasteles o si son libros” decía Llúcia Moliner mirando la vitrina de una pastelería en Rambla Catalunya. En este lugar las creaciones pasteleras imitan a tamaño real algunos de las obras en catalán publicadas este año, como es el caso de Maletes perdudes de Jordi Puntí. Llúcia no es la única en sorprenderse. Pocos fueron aquellos que pasaron frente al escaparate de la pastelería sin quedarse observando con atención los extraños libros hechos de azúcar.

Sant Jordi es esa fiesta en la que dentro de ‘lo de siempre’ se encuentran novedades muy fácilmente. Algunos se pasean por la ciudad sin ver más allá de los habituales stands de rosas y libros. Otros no dejan de dejarse cautivar por las ideas frescas de los protagonistas del día. Y para algunos todo es nuevo. “Nosotras estamos de vacaciones en Barcelona” explicaron dos turistas japonesas, “pero no sabíamos que nuestra visita coincidiría con esta fiesta. La verdad ni siquiera entendemos porqué hay tanta gente en la calle y porque todas las chicas llevan rosas en las manos”.

El reforzamiento de la identidad catalana durante el día de Sant Jordi

Por Miriam Sántxez

Las pastelerías también ofrecen dulces que juegan con los colores de la bandera catalana

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El día 23 de abril se celebra la festividad de Sant Jordi. Uno de los símbolos que hacen de esta celebración cívica, un lugar aglutinador de eso que se ha dado en llamar la conciencia catalana.

Durante Sant Jordi no se celebra únicamente la fiesta de la rosa y el libro. En sus comienzos se conmemoraba la fecha de fallecimiento de dos grandes de las letras universales: Miguel de Cervantes y William Shakespeare, aunque esto a menudo se olvida.

A pesar de que Sant Jordi sea una de las fiestas catalanas por excelencia, en Cataluña la gente trabaja. Este día se celebran actos, tanto institucionales como populares, por las principales calles de Barcelona como el Paso de Gracia, Las Ramblas y Plaza Cataluña, y las banderas se depositan en distintos monumentos de la ciudad (como la Plaza Lluchmajor, en el distrito de Nou Barris, donde una bandera catalana y otra republicana adornan la Estatua de la República. La fuerza de esta fiesta llega a muchas calles y recovecos de la capital catalana, que se llenan de color y alegría.

Aunque los actos institucionales son múltiples y variados, es una fiesta profundamente popular, ya que a menudo se puede observar la típica senyera de las cuatro barras, que pone la gente en el balcón de su casa o sobre algunos monumentos significativos.

Este día se refuerza notablemente el sentimiento identitario catalán. Hasta la gente que no es simpatizante de la ideología nacionalista sale a disfrutarlo y es que, ¿acaso hay algo mejor que hacer de la fiesta identitaria, algo cívico?

Este sentimiento se muestra en la alegría de los que pasean, entre los puestos de los libros, esperando a que el escritor de turno les firme un autógrafo. A pesar de la espera, muchos no tienen problemas en gastarse 5 Euros en una rosa (un día es un día) o algo más en un buen libro para los seres queridos.

Todo esto tiene que ver con el hecho de que una de las características identitarias catalanas es su demarcación cultural, y no sólo política. Esta fiesta es una muestra más de la influencia mutua entre sentimiento identitario y símbolos culturales (Sant Jordi, La fiesta dels Segadors, la diada del 11 de septiembre, etc).

El escritor Victor Turner, en su libro La selva de los símbolos (1980), situaba los anteriores símbolos como los dominantes de la catalanidad. Su origen se remonta a un periodo histórico muy concreto: el de la Renaixença.

La diada del 23 de abril muestra que no sólo la conciencia lingüística, territorial o histórica, tiene influjo en las gentes que habitan Cataluña, si no que lo simbólico ocupa gran parte de eso que llaman “identidad propia”.

Y ya saben, los que no tengan dinero para comprar una rosa o un libro, también pueden participar de la fiesta, con el simple hecho de colgar una bandera.

El río crepuscular

Por Borja Criado

Firma de libros en Portal del Angel

“Todo en el mundo existe para concluir en un libro”

Stéphane Mallarmé

Borges escribió una vez la historia de un libro cuyas páginas nunca se repiten, las hojas pasan sin cesar cuando el lector las lee, pero le resulta incapaz volver a encontrar una sola de ellas. El truco está en que el libro es sencillamente infinito.

Si realmente existiese un artificio semejante (un libro que es a la vez todos los libros: los libros que existen, los libros perdidos en las hogueras del medievo, en bibliotecas vetustas, los que alguien pensó y nunca se atrevió a escribir, los desechos editoriales, las páginas que a la humanidad le queda todavía por escribir) sería a día de hoy la mayor codicia de cualquier editor. Imagínense los puestos de las librerías en Sant Jordi vendiendo todos el mismo libro (imagínense ahora el coste de la edición, los quebraderos de cabeza de las imprentas, el trabajo inabarcable del corrector de estilo. ¡Imaginen ahora el precio de algo así, incluso en la edición de bolsillo!). El problema de las bibliotecas ya no sería dónde meter los libros que no caben en las estanterías, sino qué hacer con el espacio que sobra.

Aunque resulte imposible creer que El libro de Arena pueda llegar a existir, la tecnología actual ha conseguido avanzar hasta tal punto que sí es posible recoger buena parte de la escritura humana en un sólo artefacto: el polémico eBook. Si con la llegada de internet hizo su aparición todo un gremio de apocalípticos que vaticinó la muerte del autor (malinterpretando de paso a Barthes y a Foucault), la reciente aparición del libro digital parece conducirnos, en palabras de Samuel Ribas, editor protagonista de Dublinesca, la última novela de Enrique Vila-Matas, “hacia el funeral de la era Gutenberg”. Mientras libreros y editores se echan las manos a la cabeza viendo cómo el negocio se les viene abajo, el mundo del libro y del lector no para de crecer. Lo cierto es que el problema de la edición y la venta de libros hoy en día ha de pasar por la renovación y la aplicación de nuevas estrategias y dejar atrás la teoría del crepúsculo de las letras.

El término “crepuscular”, tan de moda hoy en día entre el léxico de los suplementos culturales, se aplica a aquellas obras que marcan el fin de una época. Ejemplo: Sin perdón de Clint Eastwood, un western crepuscular. Las malas lenguas dirán que el Día del Libro se ha convertido en un afluente de consumidores que asisten a la bacanal de páginas amontonadas unas sobre otras con el único fin de llenar los bolsillos de los editores y los libreros: las Ramblas transformadas en el río crepuscular de la literatura.

Ignoro si existe un dios de las letras vengativo capaz de enviar un ejercito de ángeles censuradores a cada estantería del mundo. Lo que sí sé es que todo canon es una mera convención social. Los parámetros de buena y mala literatura encajan siempre con el esquema de unos pocos teóricos y un millar de fanáticos.

Las funciones de la literatura

Tal vez lo verdaderamente interesante de los tiempos que corren sea observar la multiplicidad de las funciones de los libros: la literatura como espejo (otra vez Borges), la literatura como forma de vida (Roberto Bolaño), la literatura como respuesta a la vida (Antonin Artaud), la literatura como medicina (Aristóteles), como ciencia (Zola), reivindicación política (Isaac Rosa), aproximación a Dios (San Juan de la Cruz), como iluminación (Rimbaud), interpretación onírica (Bréton), como imposibilidad del lenguaje (Beckett), la literatura como la más pesada de las bromas (Macedonio Fernández).

Puede que Stieg Larsson no posea el dominio lingüístico de Marcel Proust, pero tal vez sí coincide en el hecho de describir y denunciar las conductas de una sociedad particular. El código Da Vinci no guarda relación literaria alguna con El principito, pero ambos se encuentran entre los quince libros más vendidos de la historia (la literatura como fuente inagotable de ingresos). Poco tienen que ver las tragedias griegas con los cuentos de Jorge Bucay, pero las primeras buscaban encauzar éticamente al ciudadano de la polis y el argentino emplea la literatura como soporte para la psicología.

Otro argentino, Ricardo Piglia, sostiene que los libros sólo son libros gracias a sus lectores, es decir, a la forma en que los leemos. Partiendo de esta premisa El discurso del método puede llegar a leerse como una novela. Su admirado Roberto Arlt escribió una vez que “la literatura es un laboratorio secreto”. La realidad explicada a través de las palabras. La literatura como el gran observatorio del mundo.

Tienda de libros en las Ramblas durante el día de Sant Jordi

Entrevista a David Monteagudo

Por Brais Benítez

David Monteagudo

El autor de Fin habla con El Mundet minutos antes de comenzar su primera firma de libros por Sant Jordi. El escritor novel cuenta porqué decidió empezar a escribir a los 40 años, aparcando su empleo como maquinista en una fábrica de cajas de cartón.

Sant Jordi según Jordi Pujol

Por Aiora Oronoz

El expresidente de la Generalitat Jordi Pujol habla con El Mundet sobre el significado del día de Sant Jordi y aspectos de la actualidad.

El sabor de Sant Jordi

Por Dalila Carreño, Miren Vitore Magyaroff y Ana Paula Tovar

El negocio de las velas también se une al festejo con motivos de rosas.

La emoción por celebrar un año más la fiesta del patrono de la ciudad ha hecho que Antonio Rives se prepare desde días antes adornando las vitrinas de su panadería, que curiosamente lleva el nombre de Sant Jordi, y que fue fundada en 1798.

Y es que celebrar Sant Jordi ya no consiste solo en regalar rosas, libros o el tradicional con el nombre del santo. Con el tiempo, el mercado se ha ido adaptando a los nuevos gustos de los barceloneses: chocolates, golosinas, broches y hasta ropa interior adornan los escaparates de algunas calles del centro de la ciudad en esta festividad.

Sin ir más lejos, uno de los negocios curiosos de este 23 de abril es el que tiene que ver con las velas. La cerería Subirá, la más antigua de la ciudad (fundada en 1761), mandó a fabricar una vela en forma de oso formada por pequeñas rosas rojas. Este peculiar detalle cuesta 26,40 euros y, de acuerdo con una de las encargadas del local, es uno de los que más se vende.

El Sant Jordi más goloso

Queso y sobrasada se juntan para formar la bandera catalana en el típico Pan de Sant Jordi, que alcanza precios de hasta 36 euros el kilo. Para aquellos que prefieran un poco de dulce en este día, los hornos también se llenan de rosquillas azucaradas y del famoso Pan Libro, hecho de bizcocho de chocolate y que seguro será devorado hasta la última página. Incluso hay pasteleros que no se conforman con la clásica pieza rectangular y van más allá, moldeando la masa para dar forma a Sant Jordi cabalgando.

Recibir una rosa puede endulzar el día, pero más aún si se puede comer, como las piruletas de caramelo en forma de rosa que se venden en La Colmena, ubicada en la Plaza del Ángel y con 140 años de antigüedad. Estas son una buena opción para los quieran obsequiar un pequeño detalle, a un coste de solo 1,30 euros. También se pueden encontrar unas curiosas rosas con pétalos hechos de grageas de chocolate en el café Bon Mercat, en el corazón del barrio Gótico, que se comercializan a 3,50 euros.

Hay detalles para todos los bolsillos. Si hay a quien todavía no le alcanza para comprar un anillo de diamantes, qué mejor que uno de caramelo en forma de rosa que se vende en Escribà por 20 y 30 euros y que se podrá lucir en el anular, antes de comerlo.

La chocolateía Blasi celebra Sant Jordi con bombones especiales.

Aunque todo lo anterior resulte curioso, regalar chocolates nunca pasa de moda y menos en un día en el que también se celebra a los enamorados. El chef Xavi, propietario de la chocolatería Blasi, crea un bombón especial de Sant Jordi hecho a base de trufa con una gotita de licor, envuelto en celofán con un lazo con la bandera catalana. Su costo es de 3,90 euros.

Si lo que se desea es personalizar un detalle, como bolsitas con gominolas de diferentes sabores y formas alusivas al día, pueden adquirirse por un precio de 5 euros por cien gramos en mercados típicos como el de la Boquería. Para refrescar el paladar existen otras opciones, como el helado hecho a base de pétalos de rosa del Gelaaati!, un antojo que cuesta desde 2,50 hasta 6 euros.

Esto es solo una muestra de cómo los mercados se adaptan a las festividades con el fin de sacar el mejor provecho. Y aunque finalmente es un negocio, también es un buen pretexto para demostrar el cariño que se siente por alguien.

“Santo” menú

Si lo que se quiere es celebrar Sant Jordi en un ambiente más romántico y disfrutar de una cena tranquila, Barcelona tiene varias opciones para hacerlo, con unos precios que oscilan entre los 20 y los 60 euros.

La terraza del Hotel Torre Catalunya en Sants abre las puertas de su restaurante (Visual) para ofrecer un menú que incluye berenjena ahumada con langostinos, taco de merluza con espárragos verdes y un consomé de lichis, que se podrá disfrutar con la insuperable vista de Barcelona como telón de fondo.

El Hotel Mandarín Oriental, en el Paseo de Gracia, además de ofrecer su ya tradicional menú de Sant Jordi, decidió escoger este día para abrir su terraza interior Jardín Mimosa. Así que este hotel es una opción si se quiere toma algo al aire libre y después pasar a una cena más intima.

Sobre Las Ramblas, en plena zona turística de Barcelona, quienes quieran disfrutar a plenitud de este día podrán ir al Hotel Rivoli. Aquí se ofrece una comida o una cena con un plato fuerte de suprema de besugo al horno con patatas confitadas y una típica crema catalana para terminar.

La curiosidad del día puede estar en la oferta del restaurante italiano Da Luca, que propone celebrar Sant Jordi con un menú ininterrumpido desde el mediodía hasta la media noche.

Ropa interior alusiva al Día de Sant Jordi con estampado de rosas, en un local de la calle Princesa.

Menú no tan “santo”

Lejos de celebrar a Sant Jordi bajo una connotación religiosa, en este día también tiene cabida el sexo. Por eso las sex shops se preparan para festejar el 23 de abril. En el caso del Barcelona Sex Center se venden rosas hechas con una tanga roja. Sin embargo, el encargado Eduardo Kieltyka aseguró que estar ubicados sobre Las Ramblas no es sinónimo de buenas ventas, sino lo contrario: “el verdadero negocio está allá afuera porque hay muchos comercios y la verdad este día no representa incremento en las ventas”. Un ejemplo de esto es que desde hace tres años mandó a hacer las rosas y aún no ha terminado de venderlas.

Para algunos el sexo es una demostración de amor, Eduardo dijo que lo único que ha vendido para Sant Jordi ha sido “un masturbador de hombre. Vino una señora y se lo envolví especialmente para este día”.

Los más comedidos pueden encontrar, en un local de la calle Princesa, tangas con estampados de rosas por 7 euros para acabar de completar este menú no tan santo.

¡Bon Profit!