Entre flores y letras

Por Fabiola López

Tienda de pescecitos en las Ramblas durante la fiesta de Sant Jordi.

Este año se celebra el vigésimo aniversario de los Jocs Florals escolares de Barcelona, así que nuevamente se puede disfrutar del frescor de las obras de los más jóvenes. Las poesías y narraciones de los alumnos de primaria y secundaria han pasado por su primera criba esta semana y los resultados se darán a conocer en la mayoría de los centros participantes en el marco del día de Sant Jordi.

Las obras ganadoras en las escuelas continuarán su camino como candidatas en el concurso a nivel de distritos que se realiza en el mes de mayo, hasta llegar a la final de la ciudad, en junio. El profesorado de los centros, y los profesionales del Consorcio de Educación son de nuevo piezas clave de esta actividad cultural en la categoría escolar.

Más que un concurso, los Jocs Florals son una puerta que crea espacio para la ilusión y la posibilidad de compartir a través de las palabras todo aquello que se siente. Para grandes y pequeños, sean catalanes o no, es un estímulo hacia la compenetración con las letras, con la lengua catalana, y una oportunidad de descubrir su talento.

A continuación, y para dar voz a los participantes, una de las obras de esta edición: una poesía sobre la sorprendente nevada que acarició la ciudad hace unas semanas.

Quina nevada

Un dia va nevar, quina passada!
Llàstima que la neu s’anés d’una volada.
Barcelona és famosa per tot arreu
Per les seves platges, però per la neu?

Van començar a caure petits flocs blanquets
Però es desfeien al tocar terra.
Al cap d’una estona un nen va cridar:
Mireu el carrer, està més blanc que un hospital.

La neu cobria Barcelona.
Fins i tot el Mercadona.
Però el que més em va impressionar
Va ser lo poc que va durar.

Com que ho havia d’aprofitar,
Molta neu vaig llençar,
I veia la gent divertint-se, i saltant d’alegria,
Amb un toc fins i tot de bogeria.

Des del meu pis sentia cridar gent:
Esta nevant a Barcelona!

Els carrers eren plens de neu,
I a mi se m’enfonsava tot el peu,
Feia molt fred, i tenia el cos mullat,
Mai m’ho hauria imaginat.

Quina nevada a Barcelona, quina nevada!

Pseudònim: DJ

Categoria: ESO 1

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El reforzamiento de la identidad catalana durante el día de Sant Jordi

Por Miriam Sántxez

Las pastelerías también ofrecen dulces que juegan con los colores de la bandera catalana

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El día 23 de abril se celebra la festividad de Sant Jordi. Uno de los símbolos que hacen de esta celebración cívica, un lugar aglutinador de eso que se ha dado en llamar la conciencia catalana.

Durante Sant Jordi no se celebra únicamente la fiesta de la rosa y el libro. En sus comienzos se conmemoraba la fecha de fallecimiento de dos grandes de las letras universales: Miguel de Cervantes y William Shakespeare, aunque esto a menudo se olvida.

A pesar de que Sant Jordi sea una de las fiestas catalanas por excelencia, en Cataluña la gente trabaja. Este día se celebran actos, tanto institucionales como populares, por las principales calles de Barcelona como el Paso de Gracia, Las Ramblas y Plaza Cataluña, y las banderas se depositan en distintos monumentos de la ciudad (como la Plaza Lluchmajor, en el distrito de Nou Barris, donde una bandera catalana y otra republicana adornan la Estatua de la República. La fuerza de esta fiesta llega a muchas calles y recovecos de la capital catalana, que se llenan de color y alegría.

Aunque los actos institucionales son múltiples y variados, es una fiesta profundamente popular, ya que a menudo se puede observar la típica senyera de las cuatro barras, que pone la gente en el balcón de su casa o sobre algunos monumentos significativos.

Este día se refuerza notablemente el sentimiento identitario catalán. Hasta la gente que no es simpatizante de la ideología nacionalista sale a disfrutarlo y es que, ¿acaso hay algo mejor que hacer de la fiesta identitaria, algo cívico?

Este sentimiento se muestra en la alegría de los que pasean, entre los puestos de los libros, esperando a que el escritor de turno les firme un autógrafo. A pesar de la espera, muchos no tienen problemas en gastarse 5 Euros en una rosa (un día es un día) o algo más en un buen libro para los seres queridos.

Todo esto tiene que ver con el hecho de que una de las características identitarias catalanas es su demarcación cultural, y no sólo política. Esta fiesta es una muestra más de la influencia mutua entre sentimiento identitario y símbolos culturales (Sant Jordi, La fiesta dels Segadors, la diada del 11 de septiembre, etc).

El escritor Victor Turner, en su libro La selva de los símbolos (1980), situaba los anteriores símbolos como los dominantes de la catalanidad. Su origen se remonta a un periodo histórico muy concreto: el de la Renaixença.

La diada del 23 de abril muestra que no sólo la conciencia lingüística, territorial o histórica, tiene influjo en las gentes que habitan Cataluña, si no que lo simbólico ocupa gran parte de eso que llaman “identidad propia”.

Y ya saben, los que no tengan dinero para comprar una rosa o un libro, también pueden participar de la fiesta, con el simple hecho de colgar una bandera.

El río crepuscular

Por Borja Criado

Firma de libros en Portal del Angel

“Todo en el mundo existe para concluir en un libro”

Stéphane Mallarmé

Borges escribió una vez la historia de un libro cuyas páginas nunca se repiten, las hojas pasan sin cesar cuando el lector las lee, pero le resulta incapaz volver a encontrar una sola de ellas. El truco está en que el libro es sencillamente infinito.

Si realmente existiese un artificio semejante (un libro que es a la vez todos los libros: los libros que existen, los libros perdidos en las hogueras del medievo, en bibliotecas vetustas, los que alguien pensó y nunca se atrevió a escribir, los desechos editoriales, las páginas que a la humanidad le queda todavía por escribir) sería a día de hoy la mayor codicia de cualquier editor. Imagínense los puestos de las librerías en Sant Jordi vendiendo todos el mismo libro (imagínense ahora el coste de la edición, los quebraderos de cabeza de las imprentas, el trabajo inabarcable del corrector de estilo. ¡Imaginen ahora el precio de algo así, incluso en la edición de bolsillo!). El problema de las bibliotecas ya no sería dónde meter los libros que no caben en las estanterías, sino qué hacer con el espacio que sobra.

Aunque resulte imposible creer que El libro de Arena pueda llegar a existir, la tecnología actual ha conseguido avanzar hasta tal punto que sí es posible recoger buena parte de la escritura humana en un sólo artefacto: el polémico eBook. Si con la llegada de internet hizo su aparición todo un gremio de apocalípticos que vaticinó la muerte del autor (malinterpretando de paso a Barthes y a Foucault), la reciente aparición del libro digital parece conducirnos, en palabras de Samuel Ribas, editor protagonista de Dublinesca, la última novela de Enrique Vila-Matas, “hacia el funeral de la era Gutenberg”. Mientras libreros y editores se echan las manos a la cabeza viendo cómo el negocio se les viene abajo, el mundo del libro y del lector no para de crecer. Lo cierto es que el problema de la edición y la venta de libros hoy en día ha de pasar por la renovación y la aplicación de nuevas estrategias y dejar atrás la teoría del crepúsculo de las letras.

El término “crepuscular”, tan de moda hoy en día entre el léxico de los suplementos culturales, se aplica a aquellas obras que marcan el fin de una época. Ejemplo: Sin perdón de Clint Eastwood, un western crepuscular. Las malas lenguas dirán que el Día del Libro se ha convertido en un afluente de consumidores que asisten a la bacanal de páginas amontonadas unas sobre otras con el único fin de llenar los bolsillos de los editores y los libreros: las Ramblas transformadas en el río crepuscular de la literatura.

Ignoro si existe un dios de las letras vengativo capaz de enviar un ejercito de ángeles censuradores a cada estantería del mundo. Lo que sí sé es que todo canon es una mera convención social. Los parámetros de buena y mala literatura encajan siempre con el esquema de unos pocos teóricos y un millar de fanáticos.

Las funciones de la literatura

Tal vez lo verdaderamente interesante de los tiempos que corren sea observar la multiplicidad de las funciones de los libros: la literatura como espejo (otra vez Borges), la literatura como forma de vida (Roberto Bolaño), la literatura como respuesta a la vida (Antonin Artaud), la literatura como medicina (Aristóteles), como ciencia (Zola), reivindicación política (Isaac Rosa), aproximación a Dios (San Juan de la Cruz), como iluminación (Rimbaud), interpretación onírica (Bréton), como imposibilidad del lenguaje (Beckett), la literatura como la más pesada de las bromas (Macedonio Fernández).

Puede que Stieg Larsson no posea el dominio lingüístico de Marcel Proust, pero tal vez sí coincide en el hecho de describir y denunciar las conductas de una sociedad particular. El código Da Vinci no guarda relación literaria alguna con El principito, pero ambos se encuentran entre los quince libros más vendidos de la historia (la literatura como fuente inagotable de ingresos). Poco tienen que ver las tragedias griegas con los cuentos de Jorge Bucay, pero las primeras buscaban encauzar éticamente al ciudadano de la polis y el argentino emplea la literatura como soporte para la psicología.

Otro argentino, Ricardo Piglia, sostiene que los libros sólo son libros gracias a sus lectores, es decir, a la forma en que los leemos. Partiendo de esta premisa El discurso del método puede llegar a leerse como una novela. Su admirado Roberto Arlt escribió una vez que “la literatura es un laboratorio secreto”. La realidad explicada a través de las palabras. La literatura como el gran observatorio del mundo.

Tienda de libros en las Ramblas durante el día de Sant Jordi

Entrevista a David Monteagudo

Por Brais Benítez

David Monteagudo

El autor de Fin habla con El Mundet minutos antes de comenzar su primera firma de libros por Sant Jordi. El escritor novel cuenta porqué decidió empezar a escribir a los 40 años, aparcando su empleo como maquinista en una fábrica de cajas de cartón.

Saqueo en las bibliotecas digitales

Por Juliana Gómez y Fernando Fontanet

Aún estando en Sant Jordi, los de papel son más dificiles de encontrar.

Sandra acaba de conseguir el último libro de Dan Brown, lo mete en su bolso y ya está lista para dirigirse al metro y empezar con la lectura. La diferencia con otros títulos es que este no ha sido impreso ni comprado en ninguna librería. Dos simples clicks han bastado para cargarlo en su eBook sin pagar un solo euro. La proliferación de descargas ilegales de libros le han facilitado esta tarea y cada vez son más los usuarios que, de forma particular, se animan a pasar sus libros a formatos aptos para los libros electrónicos para que otros puedan obtenerlos sin coste alguno.

“Descargar libros y encontrarlos en Internet es más fácil que salir a comprarlos. Además, muchos los puedo conseguir gratis en sitios como Rapidshare, Megaupload o por medio de torrents”, asegura Sandra Morales, abogada en un bufete del centro de Barcelona.

Este tipo de situaciones son las que temen muchas editoriales que están empezando a digitalizar sus catálogos. Lo hacen para no perder las posibilidades que ofrece este nuevo segmento de mercado y la posibilidad de llegar a nuevos clientes más familiarizados con las nuevas tecnologías.

Sin embargo, esta digitalización masiva de títulos facilitaría también la reproducción ilegal por parte de aquellos que antes se encargaban de escanear libros enteros. Tal como ocurrió con la música o los videojuegos, la desencriptación de dichos archivos es cuestión de tiempo y eso lo conocen bien las empresas distribuidoras que han visto como cada nuevo sistema anti-piratería se convertía en un nuevo reto para los hackers.

La mayoría de estas empresas prevén, según datos de la última encuesta de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), que en 2011 la mayoría de editoriales tendrán la mayor parte de su fondo digitalizado. Otro de los datos que arroja es el de la política de precios.

Según la Federación “los precios de la obra digital son y se prevé que sean inferiores a los de la obra impresa”. Esta afirmación no es del todo cierta, ya que una consulta al azar en Amazon, uno de los impulsores del libro digital, demuestra que el precio de cada edición (digital, tapa dura o de bolsillo) varía dependiendo de cada libro.

Otro de los sectores afectados por la piratería es el de los escritores. En este sentido, la división de opiniones se hace mucho más evidente. Mientas autores más reconocidos como Dan Brown o J.K. Rowling consideran que la piratería podría acabar con su trabajo, los noveles piensan en la red como una plataforma de lanzamiento que les va a permitir darse a conocer al gran público. El escritor Moisés Cabello, que cuenta con toda su obra colgada en las redes Peer to Peer, afirma que:

“La creación no ha desaparecido ni la industria se vendrá abajo porque siempre hay gente que paga” y añade que “no habría que invertir en combatir la piratería, sino en investigar el porqué la gente paga y explotarlo”.

La piratería puede ser considerada como una amenaza para la industria de los libros y para los escritores que aseguran que deben cobrar por sus obras y su trabajo. El panorama actual sigue el mismo camino que el que dejó la industria musical años atrás, cuando se desplomaron las ventas porque los usuarios preferían descargar canciones de forma gratuita antes que pagar por estos contenidos.

Los autores siguen debatiendo sobre la posibilidad de colgar o no sus obras de forma pública, las editoriales investigan nuevas formas de bloquear sus contenidos a los que sólo puedan acceder los usuarios que pagan, mientras que Sandra y tantos otros usuarios siguen tirando de Internet para rellenar las bibliotecas de sus eBooks.

“Les Veus del Pamano”, de Jaume Cabré

Por Ana Pérez Pinto

Vivimos un momento en el que la recuperación de la memoria histórica es un tema candente en España. La producción literaria del país no ha dado la espalda a este hecho y son muchos los escritores que han tratado de perfilar la memoria del pasado en sus obras. Jaume Cabré (Barcelona, 1947) es uno de estos autores comprometidos con la causa. Sin embargo, su última novela “Les veus del Pamano” (2004) no es una publicación oportunista.

“Les veus del Pamano” es una novela en la que, a través de historias cruzadas y saltos temporales, se retrata el devenir de una sociedad desde que sufre el azote de la Guerra Civil hasta nuestros días.

Tina es una maestra que descubre los escritos de Oriol Fontelles, el antiguo profesor de la escuela de un pueblo del valle del Pallars y héroe franquista reconocido. A través de la lectura de su cuaderno, va desentrañando la verdadera historia de Oriol y de su pueblo. Una historia de vencedores y vencidos en la que nada era lo que parecía.

Cabré es el Premio de Honor a las Letras Catalanas de este año, un premio que otorga Òmnium Cultural desde 1969. Además de sus novelas, Cabré ha cultivado varios géneros literarios como el ensayo, el relato corto, la narrativa infantil, el teatro y el guión para radionovela y televisión.

Les Veus del Pamano

Jaume Cabré

Proa, 2004

27 €

Leer el primer capítulo (Vía Editorial Proa)

El negocio de los jóvenes emprendedores

Venda de flores en la calle Pelai

 

Por Estefanía Colmenares, Eduardo Cordero y Carlos Toda

Es martes por la noche y Kristian Johansson, un joven de 24 años, está cerrando ventas de rosas por teléfono. Un cliente le pide un descuento a última hora y Kristian, reacio, baja el precio de la unidad unos céntimos. “Le vendo 750 rosas, es un buen cliente. Le bajo unos céntimos por rosa y le dejo contento. A mí 5 céntimos me dan igual, y el año que viene acudirá a mí de nuevo. Todo es psicología”.

Kristian tiene olfato para el negocio. Como cada año, el día de Sant Jordi participa en el negocio de las rosas, vendiendo de forma anticipada y a pie de calle en los puestos que sitúa en zonas estratégicas de Barcelona y Sant Cugat. Pero él no es el único; muchos otros jóvenes emprendedores aprovechan esta festividad y la compra masiva de rosas para ganar dinero.

Pero organizar este negocio no es tarea fácil. “Es un negocio que dura un día para todo el mundo, pero acarrea un trabajo de unos dos meses y medio”, apunta Miquel Ferrer (24) que desde hace siete años vende rosas en Sant Jordi.

Este año las variedades de rosa más vendidas serán la Freedom y la Red Naomi. “Son rosas contenidas, apaciguadas y duraderas”, explica Kristian. Esto es importante porque el transporte maltrata mucho las rosas, y la temperatura ambiente en los puestos las marchita antes.

Estos jóvenes contactan con un proveedor, al que hacen un pedido y con el que negocian el precio de la unidad. El precio de la rosa aumenta si está “montada”, es decir, si incluye la espiga, el envoltorio y la cinta. “La Red Naomi montada me ha costado un euro”, dice Miquel. “A mí, la Freedom montada 1,05 euros”, añade Kristian. En ambos casos el margen de beneficio es amplio. Al final del día, la media a la que venden las rosas ronda los tres euros.

Hora de vender

Su negocio consiste en vender las flores por tres vías diferentes: a empresas, a particulares y a pie de calle. Este año, Kristian inundará las calles con 24 mesas y Miquel, con 12.

“De las 15 mil rosas que pedí este año, he vendido tres mil a empresas como Roche Diagnostics y Assistència Sanitària Col∙legial”, apunta Kristian. Por el contrario, Miquel se centra más en empresas, vendiéndoles un 65% de sus existencias, también quince mil.

El resto de rosas las venden en la calle o a particulares que quieren montar su propia parada, algo sencillo y manejable. Pero para poder instalar una parada de venta de rosas en la calle es necesario conseguir una licencia del Ayuntamiento, que da una por DNI y de forma gratuita. Entonces, ¿cómo conseguir tantas licencias siendo una sola persona? Kristian, con una sonrisa pícara, lo aclara: “Pedí licencias a nombre de mis familiares y de algunas de mis vendedoras”.

Para que el negocio sea exitoso, es imprescindible tener un pequeño ejército de vendedoras extrovertidas, lanzadas y atractivas que al final del día se van a casa con entre 80 y 100 euros. Matemáticamente, está calculado que los mejores resultados se obtienen con dos vendedoras por mesa. También hay coordinadores, que son responsables de que todo funcione perfectamente en un conjunto de mesas -generalmente entre cuatro y seis – y que cobran en torno a los 500 euros.

Son muchos números, y en general los beneficios son suculentos, casi un 300% de la inversión inicial. Pero a veces las cuentas no cuadran y uno se puede pillar los dedos, como le ocurrió a Miquel, que fió 15 mil euros a un socio comercial al que desde hace ya un año no ha vuelto a ver.