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El negocio de los jóvenes emprendedores

Venda de flores en la calle Pelai

 

Por Estefanía Colmenares, Eduardo Cordero y Carlos Toda

Es martes por la noche y Kristian Johansson, un joven de 24 años, está cerrando ventas de rosas por teléfono. Un cliente le pide un descuento a última hora y Kristian, reacio, baja el precio de la unidad unos céntimos. “Le vendo 750 rosas, es un buen cliente. Le bajo unos céntimos por rosa y le dejo contento. A mí 5 céntimos me dan igual, y el año que viene acudirá a mí de nuevo. Todo es psicología”.

Kristian tiene olfato para el negocio. Como cada año, el día de Sant Jordi participa en el negocio de las rosas, vendiendo de forma anticipada y a pie de calle en los puestos que sitúa en zonas estratégicas de Barcelona y Sant Cugat. Pero él no es el único; muchos otros jóvenes emprendedores aprovechan esta festividad y la compra masiva de rosas para ganar dinero.

Pero organizar este negocio no es tarea fácil. “Es un negocio que dura un día para todo el mundo, pero acarrea un trabajo de unos dos meses y medio”, apunta Miquel Ferrer (24) que desde hace siete años vende rosas en Sant Jordi.

Este año las variedades de rosa más vendidas serán la Freedom y la Red Naomi. “Son rosas contenidas, apaciguadas y duraderas”, explica Kristian. Esto es importante porque el transporte maltrata mucho las rosas, y la temperatura ambiente en los puestos las marchita antes.

Estos jóvenes contactan con un proveedor, al que hacen un pedido y con el que negocian el precio de la unidad. El precio de la rosa aumenta si está “montada”, es decir, si incluye la espiga, el envoltorio y la cinta. “La Red Naomi montada me ha costado un euro”, dice Miquel. “A mí, la Freedom montada 1,05 euros”, añade Kristian. En ambos casos el margen de beneficio es amplio. Al final del día, la media a la que venden las rosas ronda los tres euros.

Hora de vender

Su negocio consiste en vender las flores por tres vías diferentes: a empresas, a particulares y a pie de calle. Este año, Kristian inundará las calles con 24 mesas y Miquel, con 12.

“De las 15 mil rosas que pedí este año, he vendido tres mil a empresas como Roche Diagnostics y Assistència Sanitària Col∙legial”, apunta Kristian. Por el contrario, Miquel se centra más en empresas, vendiéndoles un 65% de sus existencias, también quince mil.

El resto de rosas las venden en la calle o a particulares que quieren montar su propia parada, algo sencillo y manejable. Pero para poder instalar una parada de venta de rosas en la calle es necesario conseguir una licencia del Ayuntamiento, que da una por DNI y de forma gratuita. Entonces, ¿cómo conseguir tantas licencias siendo una sola persona? Kristian, con una sonrisa pícara, lo aclara: “Pedí licencias a nombre de mis familiares y de algunas de mis vendedoras”.

Para que el negocio sea exitoso, es imprescindible tener un pequeño ejército de vendedoras extrovertidas, lanzadas y atractivas que al final del día se van a casa con entre 80 y 100 euros. Matemáticamente, está calculado que los mejores resultados se obtienen con dos vendedoras por mesa. También hay coordinadores, que son responsables de que todo funcione perfectamente en un conjunto de mesas -generalmente entre cuatro y seis – y que cobran en torno a los 500 euros.

Son muchos números, y en general los beneficios son suculentos, casi un 300% de la inversión inicial. Pero a veces las cuentas no cuadran y uno se puede pillar los dedos, como le ocurrió a Miquel, que fió 15 mil euros a un socio comercial al que desde hace ya un año no ha vuelto a ver.

El sabor de Sant Jordi

Por Dalila Carreño, Miren Vitore Magyaroff y Ana Paula Tovar

El negocio de las velas también se une al festejo con motivos de rosas.

La emoción por celebrar un año más la fiesta del patrono de la ciudad ha hecho que Antonio Rives se prepare desde días antes adornando las vitrinas de su panadería, que curiosamente lleva el nombre de Sant Jordi, y que fue fundada en 1798.

Y es que celebrar Sant Jordi ya no consiste solo en regalar rosas, libros o el tradicional con el nombre del santo. Con el tiempo, el mercado se ha ido adaptando a los nuevos gustos de los barceloneses: chocolates, golosinas, broches y hasta ropa interior adornan los escaparates de algunas calles del centro de la ciudad en esta festividad.

Sin ir más lejos, uno de los negocios curiosos de este 23 de abril es el que tiene que ver con las velas. La cerería Subirá, la más antigua de la ciudad (fundada en 1761), mandó a fabricar una vela en forma de oso formada por pequeñas rosas rojas. Este peculiar detalle cuesta 26,40 euros y, de acuerdo con una de las encargadas del local, es uno de los que más se vende.

El Sant Jordi más goloso

Queso y sobrasada se juntan para formar la bandera catalana en el típico Pan de Sant Jordi, que alcanza precios de hasta 36 euros el kilo. Para aquellos que prefieran un poco de dulce en este día, los hornos también se llenan de rosquillas azucaradas y del famoso Pan Libro, hecho de bizcocho de chocolate y que seguro será devorado hasta la última página. Incluso hay pasteleros que no se conforman con la clásica pieza rectangular y van más allá, moldeando la masa para dar forma a Sant Jordi cabalgando.

Recibir una rosa puede endulzar el día, pero más aún si se puede comer, como las piruletas de caramelo en forma de rosa que se venden en La Colmena, ubicada en la Plaza del Ángel y con 140 años de antigüedad. Estas son una buena opción para los quieran obsequiar un pequeño detalle, a un coste de solo 1,30 euros. También se pueden encontrar unas curiosas rosas con pétalos hechos de grageas de chocolate en el café Bon Mercat, en el corazón del barrio Gótico, que se comercializan a 3,50 euros.

Hay detalles para todos los bolsillos. Si hay a quien todavía no le alcanza para comprar un anillo de diamantes, qué mejor que uno de caramelo en forma de rosa que se vende en Escribà por 20 y 30 euros y que se podrá lucir en el anular, antes de comerlo.

La chocolateía Blasi celebra Sant Jordi con bombones especiales.

Aunque todo lo anterior resulte curioso, regalar chocolates nunca pasa de moda y menos en un día en el que también se celebra a los enamorados. El chef Xavi, propietario de la chocolatería Blasi, crea un bombón especial de Sant Jordi hecho a base de trufa con una gotita de licor, envuelto en celofán con un lazo con la bandera catalana. Su costo es de 3,90 euros.

Si lo que se desea es personalizar un detalle, como bolsitas con gominolas de diferentes sabores y formas alusivas al día, pueden adquirirse por un precio de 5 euros por cien gramos en mercados típicos como el de la Boquería. Para refrescar el paladar existen otras opciones, como el helado hecho a base de pétalos de rosa del Gelaaati!, un antojo que cuesta desde 2,50 hasta 6 euros.

Esto es solo una muestra de cómo los mercados se adaptan a las festividades con el fin de sacar el mejor provecho. Y aunque finalmente es un negocio, también es un buen pretexto para demostrar el cariño que se siente por alguien.

“Santo” menú

Si lo que se quiere es celebrar Sant Jordi en un ambiente más romántico y disfrutar de una cena tranquila, Barcelona tiene varias opciones para hacerlo, con unos precios que oscilan entre los 20 y los 60 euros.

La terraza del Hotel Torre Catalunya en Sants abre las puertas de su restaurante (Visual) para ofrecer un menú que incluye berenjena ahumada con langostinos, taco de merluza con espárragos verdes y un consomé de lichis, que se podrá disfrutar con la insuperable vista de Barcelona como telón de fondo.

El Hotel Mandarín Oriental, en el Paseo de Gracia, además de ofrecer su ya tradicional menú de Sant Jordi, decidió escoger este día para abrir su terraza interior Jardín Mimosa. Así que este hotel es una opción si se quiere toma algo al aire libre y después pasar a una cena más intima.

Sobre Las Ramblas, en plena zona turística de Barcelona, quienes quieran disfrutar a plenitud de este día podrán ir al Hotel Rivoli. Aquí se ofrece una comida o una cena con un plato fuerte de suprema de besugo al horno con patatas confitadas y una típica crema catalana para terminar.

La curiosidad del día puede estar en la oferta del restaurante italiano Da Luca, que propone celebrar Sant Jordi con un menú ininterrumpido desde el mediodía hasta la media noche.

Ropa interior alusiva al Día de Sant Jordi con estampado de rosas, en un local de la calle Princesa.

Menú no tan “santo”

Lejos de celebrar a Sant Jordi bajo una connotación religiosa, en este día también tiene cabida el sexo. Por eso las sex shops se preparan para festejar el 23 de abril. En el caso del Barcelona Sex Center se venden rosas hechas con una tanga roja. Sin embargo, el encargado Eduardo Kieltyka aseguró que estar ubicados sobre Las Ramblas no es sinónimo de buenas ventas, sino lo contrario: “el verdadero negocio está allá afuera porque hay muchos comercios y la verdad este día no representa incremento en las ventas”. Un ejemplo de esto es que desde hace tres años mandó a hacer las rosas y aún no ha terminado de venderlas.

Para algunos el sexo es una demostración de amor, Eduardo dijo que lo único que ha vendido para Sant Jordi ha sido “un masturbador de hombre. Vino una señora y se lo envolví especialmente para este día”.

Los más comedidos pueden encontrar, en un local de la calle Princesa, tangas con estampados de rosas por 7 euros para acabar de completar este menú no tan santo.

¡Bon Profit!